diseño y creatividad del día a día

“tierra cocida” text


Escrito el 27 de diciembre, por deliving en reflexiones. sin comentarios

No sabría decir en qué momento o cómo decidí avanzar por un camino que me pedía mayor implicación, quería evolucionar creativamente. Llevaba tiempo sintiendo la necesidad de utilizar mis manos, quería mancharlas, tocar, crear algo con ellas, darles uso… Y eso fue lo que me llevó hasta la tierra.

Y con ella comencé un diálogo y un aprendizaje maravilloso. La primera lección fue de humildad. Acostumbrada, por mi trabajo de diseñadora gráfica, a trabajar con demasiados condicionantes y control del trabajo, con la tierra tuve que bajar la cabeza y aceptar que yo no podía controlar el resultado, la perfección es para las máquinas.

Es un material dócil y tozudo, frágil y duro, mágico, con memoria… Cada material, cada elemento, encierra su manera de ser y de desarrollarse. Yo no puedo someterlo, sino trabajar juntos, respetarlo y conseguir que me dé lo mejor. La tierra es como la vida. No la puedes controlar ni meter prisa, ella lleva su velocidad. Si la presionamos se nos volverá en contra. Nos sorprende siempre, escapa a nuestras previsiones, para bien y para mal. Me gusta sentir que el horno es cómo el vientre de una madre, donde mis manos ya no alcanzan, dejando jugar a la tierra con el fuego y así terminar la obra dándole vida. Un proceso que me ilusiona, me sorprende…

La tierra me ha enseñado a ser paciente, a aceptar que no puedo controlarlo todo, a buscar la belleza en lo más básico, a ilusionarme con él como un juego en el que yo le planteo retos que nunca sé cómo van a terminar.

Y ya no me doy ni cuenta de que tengo las manos pegoteadas de barro. Me acostumbré a su tacto, aprendo su lenguaje, conecto con su dureza y su delicadeza, empiezo a hacerlo mío y, a partir de aquí, comenzamos a construir algo juntos.

Con mis manos construyo un lienzo de tierra, dando golpes durante horas hasta que el material y yo llegamos al punto en que estamos listos para empezar a trabajar juntos. Me gusta pensar que ésta es la fase en que nos encontramos, y que en cada golpe que doy echamos fuera todo lo que nos sobra; ella el aire, yo mis miedos.

Sobre ese lienzo exploro, juego, hablo, me expreso, me dejo llevar y sorprender, construyo….. Incrusto cuerda, hierro, dibujo en él, lo mezclo con otros materiales como otras tierras, porcelana, cristal, esmaltes, texturas,… Y después el fuego.

Pienso que todo lo que se hace desde dentro de uno mismo hacia fuera, inevitablemente es subjetivo y, con ello, queda implícito un mensaje, una manera de ser, de sentir, de proyectarnos, de expresarnos…

Comencé todo esto por la necesidad de hacer algo con mis manos, de crear algo personal con ellas, y me sorprendí. Y sigo creyendo en ello, en la necesidad de recuperar el tacto, la caricia, la cercanía, la textura de las cosas, lo singular, la delicadeza, lo natural y la sensibilidad. Un lenguaje que nos hace tocar la vida.

Mil gracias, Pepe y Concha, por hablar ese lenguaje y hacerme crecer.

Maria Dulce, noviembre 2009.

 

Puedes ver fotos de María Dulce trabajando en la Serie “tierra cocida”

 






Deja un comentario

*